Índice

Primeras canciones

Adán

Canción

Suites

Cúco. Cuco. Cúco

En el jardín de las toronjas de luna

Prólogo

Pórtico

Perspectiva

El jardín

Glorieta

Avenida

Paréntesis

Canción del jardinero inmóvil

Los puentes colgantes

El sátiro blanco

Estampas del jardín

[Yo]

Arco de lunas

[Altas torres]

Cancioncilla del niño que no nació

Canción del muchacho de siete corazones

Olor blanco

Encuentro

Duna

¡Amanecer y repique!


Primeras canciones

Adán

Árbol de sangre moja la mañana

Por donde gime la recién parida.

Su voz deja cristales en la herida

Y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana

Blancas metas de fábula que olvida

El tumulto de venas en la huida

Hacia el turbio frescor de la manzana,

Adán sueña en la fiebre de la arcilla

Un niño que se acerca galopando

Por el doble latir de su mejilla.

Pero otro adán oscuro está soñando

Neutra luna de piedra sin semilla

Donde el niño de luz se irá quemando.

Canción

Por la ramas del laurel

Vi dos palomas oscuras.

La una era el sol,

La otra la luna.

Vecinitas, les dije,

¿dónde está mi sepultura?

En mi cola, dijo el sol.

En mi garganta, dijo la luna.

Y yo que estaba caminando

Con la tierra a la cintura

Vi dos águilas de mármol

Y una muchacha desnuda.

La una era la otra

Y la muchacha era ninguna.

Aguilitas, les dije,

¿dónde está mi sepultura?

En mi cola, dijo el sol.

En mi garganta, dijo la luna.

Por las ramas del cerezo

Vi dos palomas desnudas,

La una era la otra

Y las dos eran ninguna.

Suites

Cúco. Cuco. Cúco

El cuco divide la noche

Con sus bolitas de cobre.

El cuco no tiene pico,

Tiene dos labios de niño

Que silban desde los siglos.

¡Gato,

Esconde tu rabo!

El cuco va sobre el Tiempo

Flotando como un velero

Y múltiple como un eco.

¡Urraca,

Esconde tu pata!

Frente al cuco está la esfinge,

El símbolo de los cisnes

Y la niña que no ríe.

¡Zorra,

Esconde tu cola!

Un día se irá en el viento

El último pensamiento

Y el penúltimo deseo.

¡Grillo,

Vete bajo el pino!

Sólo el cuco quedará

Partiendo la eternidad

Con bolitas de cristal.

En el jardín de las toronjas de luna

PRÓLOGO

Asy como la sombra nuestra vida se va,

que nunca más torna nyn de nos tornará.

Pero López de Ayala, Consejos morales


 

Me he despedido de los amigos que más quiero para emprender un corto pero dramático viaje. Sobre un espejo de plata encuentro, mucho antes de que amanezca, el maletín con la ropa que debo usar en la extraña tierra a que me dirijo.

El perfume tenso y frío de la madrugada bate misteriosamente el inmenso acantilado de la noche.

En la página tersa del cielo temblaba la inicial de una nube, y debajo de mi balcón un ruiseñor y una rana levantan en el aire un aspa soñolienta de sonido.

Yo, tranquilo pero melancólico, hago los últimos preparativos, embargado por sutilísimas emociones de alas y círculos concéntricos. Sobre la blanca pared del cuarto, yerta y rígida como una serpiente de museo, cuelga la espada gloriosa que llevó mi abuelo en la guerra contra el rey don Carlos de Borbón.

Piadosamente descuelgo esa espada, vestida de herrumbre amarillenta como un álamo blanco, y me la ciño recordando que tengo que sostener una gran lucha invisible antes de entrar en el jardín. Lucha extática y violentísima con mi enemigo secular, el gigantesco dragón del Sentido Común.

Una emoción aguda y elegíaca por las cosas que no han sido, buenas y malas, grandes y pequeñas, invade los paisajes de mis ojos casi ocultos por unas gafas de luz violeta. Una emoción amarga que me hace caminar hacia este jardín que se estremece en las altísimas llanuras del aire.

Los ojos de todas las criaturas golpean como puntos fosfóricos sobre la pared del porvenir... lo de atrás se queda lleno de maleza amarilla, huertos sin frutos y ríos sin agua. Jamás ningún hombre cayó de espaldas sobre la muerte. Pero yo, por un momento, contemplando ese paisaje abandonado e infinito, he visto planos de vida inédita, múltiples y superpuestos como los cangilones de una noria sin fin.

Antes de marchar siento un dolor agudo en el corazón. Mi familia duerme y toda la casa está en un reposo absoluto. El alba, revelando torres y contando una a una las hojas de los árboles, me pone un crujiente vestido de encaje lumínico.

Algo se me olvida... no me cabe la menor duda... ¡tanto tiempo preparándome! Y... Señor, ¿qué se me olvida? ¡Ah! Un pedazo de madera... uno bueno de cerezo sonrosado y compacto.

Creo que hay que ir bien presentado... De una jarra con flores puesta sobre mi mesilla me prendo en el ojal siniestro una gran rosa pálida que tiene un rostro enfurecido pero hierático.

Ya es la hora.

(En las bandejas irregulares de las campanadas, vienen los kikirikis de los gallos.)

PÓRTICO

NIÑO: Yo voy por las plumas

del pájaro Grifón.

ENANO: Hijo mío, me es imposible

ayudarte en esta empresa.


 


Tan-tan


El aire se había muerto.

Estaba inmóvil y arrugado.

Los pinos yacían en tierra.

Sus sombras de pie, ¡temblando!

Yo-Tú-Él

(en un solo plano)

Tan-tan

[...]

PERSPECTIVA

Dentro de mis ojos

Se abre el canto hermético

De las simientes que

No florecieron.

Todas sueñan un fin

Irreal y distinto.

(El trigo sueña enormes

Flores amarillentas.)

Todas sueñan extrañas

Aventuras de sombra.

Frutos inaccesibles

Y vientos amaestrados.

Ninguna se conoce.

Ciegas y desconocidas,

Les duelen sus perfumes

Enclaustrados por siempre.

Cada semilla piensa

Un árbol genealógico

Que cubre todo el cielo

De tallos y racimos.

Por el aire se extienden

Vegetaciones increíbles.

Ramas negras y grandes,

Rosas color ceniza.

La luna, casi ahogada

De flores y ramajes,

Se defiende con sus rayos

Como un pulpo de plata.

Dentro de mis ojos

Se abre el canto hermético

De las simientes que

No florecieron.

EL JARDÍN

Jamás nació, ¡jamás!

Pero pudo brotar.

Cada segundo se

Profundiza y renueva.

Cada segundo abre

Nuevas sendas distintas.

¡Por aquí! ¡Por allí!

Va mi cuerpo multiplicado.

Atravesando pueblos

O dormido en el mar.

¡Todo está abierto! Existen

Llaves para las claves.

Pero el sol y la luna

Nos pierden y despistan,

Y bajo nuestros pies

Se enmarañan los caminos.

Aquí contemplo todo

Lo que pude haber sido.

Dios o mendigo,

Agua o vieja margarita.

Mis múltiples senderos

Teñidos levemente

Hacen una gran rosa

Alrededor de mi cuerpo.

Como un mapa imposible,

El jardín de lo posible.

Cada segundo se

Profundiza y renueva.

Jamás nació, ¡jamás!

¡Pero pudo brotar!

GLORIETA

Sobre el surtidor inmóvil

Duerme un gran pájaro muerto.

Los dos amantes se besan

Entre fríos cristales de sueño.

"La sortija, ¡dame la sortija!"

"No sé dónde están mis dedos."

"¿No me abrazas?" "Me dejé los brazos

Cruzados y fríos en el lecho."

Entre las hojas se arrastraba

Un rayo de luna viejo.

AVENIDA

Las blancas Teorías

Con los ojos vendados

Danzaban por el bosque.

Lentas como cisnes

Y amargas como adelfas.

Pasaron sin ser vistas

Por los ojos del hombre,

Como de noche pasan

Inéditos los ríos,

Como por el silencio

Un rumor nuevo y único.

Alguna entre su túnica

Lleva una gris mirada

Pero de moribundo.

Otras

Agitan largos ramos

De palabras confusas.

No viven y están vivas.

Van por el bosque extático.

¡Enjambre de sonámbulas!

(Lentas como cisnes

Y amargas como adelfas.)

PARÉNTESIS

Las doncellas dejan un olor

Mental ausente de miradas.

El aire se queda indiferente,

Camelia blanca de cien hojas.

CANCIÓN DEL JARDINERO INMÓVIL

Lo que no sospechaste

Vive y tiembla en el aire.

Al tesoro del día

Apenas si tocáis.

Van y vienen cargados

Sin que los mire nadie.

Vienen rotos, pero vírgenes

Y hechos semilla salen.

Os hablan las cosas y

Vosotros no escucháis.

El mundo es un surtidor

Fresco, distinto y constante.

Al tesoro del día

Apenas si tocáis.

Os veda el puro silencio

El torrente de la sangre.

Pero dos ojos tenéis

Para remontar los cauces.

Al tesoro del día

Apenas si tocáis.

Lo que no sospechaste

Vive y tiembla en el aire.

El jardín se enlazaba

Por sus perfumes estancados.

Cada hoja soñaba

Un sueño diferente.

LOS PUENTES COLGANTES

¡Oh qué gran muchedumbre,

Invisible y renovada,

La que viene a este jardín

A descansar para siempre!

Cada paso en la Tierra

Nos lleva a un mundo nuevo.

Cada pie lo apoyamos

Sobre un puente colgante.

Comprendo que no existe

El camino derecho.

Sólo un gran laberinto

De encrucijadas múltiples.

Constantemente crean

Nuestro pies al andar

Inmensos abanicos

De senderos en germen.

¡Oh jardín de las blancas

Teorías! ¡Oh jardín

De lo que no soy pero

Pude y debí haber sido!

EL SÁTIRO BLANCO

Sobre narcisos inmortales

Dormía el sátiro blanco.

Enormes cuernos de cristal

Virginizaban su ancha frente.

El sol como un dragón vencido

Lamía sus largas manos de doncella.

Flotando sobre el río del amor

Todas las ninfas muerta desfilaban.

El corazón del sátiro en el viento

Se oreaba de viejas tempestades.

La siringa en el suelo era una fuente

Con siete azules caños cristalinos.

ESTAMPAS DEL JARDÍN

[I]

Las antiguas doncellas

Que no fueron amadas

Vienen con sus galanes

Entre las quietas ramas.

Los galanes sin ojos

Y ellas sin palabras

Se adornan con sonrisas

Como plumas rizadas.

Desfilan bajo grises

Tulipanes de escarcha

En un blanco delirio

De luces enclaustradas.

La ciega muchedumbre

De los perfumes vaga

Con los pies apoyados

Sobre flores intactas.

¡Oh luz honda y oblicua

De las yertas naranjas!

Los galanes tropiezan

Con sus rotas espadas.

II

La viuda d ela luna

¿quién la olvidará?

Soñaba que la tierra

Fuese de cristal.

Enfurecida y pálida,

Quería dormir al mar,

Peinando sus melenas

Con gritos de coral.

Sus cabellos de vidrio

¿quién los olvidará?

En su pecho los cien

Labios de un manantial.

Alabardas de largos

Surtidores la van

Guardando por las ondas

Quietas del arenal.

Pero la luna luna

¿cuándo volverá?

La cortina del viento

Tiembla sin cesar.

La viuda de la luna

¿quién la olvidará?

Soñaba que la tierra

Fuese de cristal.

Como el buen conde Arnaldo

¿quién te olvidará?

También soñaba toda

La tierra de cristal.

[YO]

[...]

Yo

¿Qué quieres de mí

Que no me dejas, Sueño?

Sueño

Doce cisnes de oro

Y doce lunas negras.

Yo

Quiero días y noches

Claros y sin secretos.

Sueño

[...]

ARCO DE LUNAS

Un arco de lunas negras

Sobre el mar sin movimiento.

Mis hijos que no han nacido

Me persiguen.

"¡Padre, no corras, espera!

El más chico viene muerto."

Se cuelgan de mis pupilas.

Canta el gallo.

El mar hecho piedra ríe

Su última risa de olas.

"¡Padre, no corras!"

Mis gritos

Se hacen nardos.

[ALTAS TORRES]

Altas torres.

Largos ríos.

Hada

Toma el anillo de bodas

De tus abuelos.

Cien manos bajo la tierra

Lo echarán de menos.

Yo

Voy a sentir en mis manos

Una inmensa flor de dedos,

Y el símbolo del anillo

¡no lo quiero!

Altas torres.

Largos ríos.

CANCIONCILLA DEL NIÑO QUE NO NACIÓ

¡Me habéis dejado sobre una flor

De oscuros sollozos de agua!

El llanto que aprendí

Se pondrá viejecito

Arrastrando su cola

De suspiros y lágrimas.

Sin brazos, ¿cómo empujo

La puerta de la Luz?

Sirvieron a otro niño

De remos en su barca.

Yo dormía tranquilo.

¿Quién taladró mi sueño?

Mi madre tiene ya

La cabellera blanca.

¡Me habéis dejado sobre una flor

De oscuros sollozos de agua!

CANCIÓN DEL MUCHACHO DE SIETE CORAZONES

Siete corazones

Tengo.

Pero el mío no lo encuentro.

En el alto monte, madre,

Tropezábamos yo y el viento.

Siete niñas de largas manos

Me llevaron en sus espejos.

He cantado por el mundo

Con mi boca de siete pétalos.

Mis galeras de amaranto

Iban sin jarcias y sin remos.

He vivido los paisajes

De otras gentes. Mis secretos

Alredor de la garganta

¡sin darme cuenta! Iban abiertos.

Siete corazones

Tengo.

Pero el mío no lo encuentro.

OLOR BLANCO

¡Oh qué frío perfume

De jacintos!

Por los cipreses blancos

Viene una doncella.

Trae sus senos cortados

En un plato de oro.

(Dos caminos.

Su larguísima cola

Y la Vía Láctea.)

Madre

De los niños muertos,

Tiembla con el delirio

De los gusanos de luz.

¡Oh qué frío perfume

De jacintos!

ENCUENTRO

Flor de sol.

Flor de río.

Yo

¿Eras tú? Tienes el pecho

Iluminado y no te he visto.

Ella

¡Cuántas veces te han rozado

Las cintas de mi vestido!

Yo

Sin abrir, oigo en tu garganta

Las blancas voces de mis hijos.

Ella

Tus hijos flotan en mis ojos

Como diamantes amarillos.

Yo

¿Eras tú? ¿Por dónde arrastrabas

Esas trenzas sin fin, amor mío?

Ella

En la luna. ¿Te ríes? Entonces,

Alrededor de la flor del narciso.

Yo

En mi pecho se agita sonámbula

Una sierpe de besos antiguos.

Ella

Los instantes abiertos clavaban

Sus raíces sobre mis suspiros.

Yo

Enlazados por la misma brisa

Frente a frente ¡no nos conocimos!

Ella

El ramaje se espesa, vete pronto.

¡Ninguno de los dos hemos nacido!

Flor de sol.

Flor de río.

DUNA

Sobre la extensa duna

De la luz antiquísima

Me encuentro despistado

Sin cielo ni camino.

El Norte moribundo

Apagó sus estrellas.

Los cielos naufragados

Se ondulaban sin prisa.

Por el mar de la luz

¿dónde voy? ¿A quién busco?

Aquí gime el reflejo

De las lunas veladas.

¡Ay, mi fresco pedazo

De madera compacta,

Vuélveme a mi balcón

Y a mis pájaros vivos!

El jardín seguirá

Moviendo sus arriates

Sobre la ruda espalda

Del silencio encallado.

¡AMANECER Y REPIQUE!

Fuera del jardín

El sol con sus cien cuernos

Levanta el cielo bajo.

El mismo gesto repiten

Los toros en la llanura.

La pedrea estremecida

De los viejos campanarios

Despierta y pone en camino

Al gran rebaño del viento.

En el río ahora comienzan

Las batallas de los peces.

Alma mía, niño y niña,

¡¡silencio!!