Árbol de sangre moja la mañana
Por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
Y un gráfico de hueso en la ventana.
Mientras la luz que viene fija y gana
Blancas metas de fábula que olvida
El tumulto de venas en la huida
Hacia el turbio frescor de la manzana,
Adán sueña en la fiebre de la arcilla
Un niño que se acerca galopando
Por el doble latir de su mejilla.
Pero otro adán oscuro está soñando
Neutra luna de piedra sin semilla
Donde el niño de luz se irá quemando.
Por la ramas del laurel
Vi dos palomas oscuras.
La una era el sol,
La otra la luna.
Vecinitas, les dije,
¿dónde está mi sepultura?
En mi cola, dijo el sol.
En mi garganta, dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
Con la tierra a la cintura
Vi dos águilas de mármol
Y una muchacha desnuda.
La una era la otra
Y la muchacha era ninguna.
Aguilitas, les dije,
¿dónde está mi sepultura?
En mi cola, dijo el sol.
En mi garganta, dijo la luna.
Por las ramas del cerezo
Vi dos palomas desnudas,
La una era la otra
Y las dos eran ninguna.
El cuco divide la noche
Con sus bolitas de cobre.
El cuco no tiene pico,
Tiene dos labios de niño
Que silban desde los siglos.
¡Gato,
Esconde tu rabo!
El cuco va sobre el Tiempo
Flotando como un velero
Y múltiple como un eco.
¡Urraca,
Esconde tu pata!
Frente al cuco está la esfinge,
El símbolo de los cisnes
Y la niña que no ríe.
¡Zorra,
Esconde tu cola!
Un día se irá en el viento
El último pensamiento
Y el penúltimo deseo.
¡Grillo,
Vete bajo el pino!
Sólo el cuco quedará
Partiendo la eternidad
Con bolitas de cristal.
que nunca más torna nyn de nos tornará.
Pero López de Ayala, Consejos morales
del pájaro Grifón.
ENANO: Hijo mío, me es imposible
ayudarte en esta empresa.
Tan-tan
El aire se había muerto.
Estaba inmóvil y arrugado.
Los pinos yacían en tierra.
Sus sombras de pie, ¡temblando!
Yo-Tú-Él
(en un solo plano)
Tan-tan
[...]
Dentro de mis ojos
Se abre el canto hermético
De las simientes que
No florecieron.
Todas sueñan un fin
Irreal y distinto.
(El trigo sueña enormes
Flores amarillentas.)
Todas sueñan extrañas
Aventuras de sombra.
Frutos inaccesibles
Y vientos amaestrados.
Ninguna se conoce.
Ciegas y desconocidas,
Les duelen sus perfumes
Enclaustrados por siempre.
Cada semilla piensa
Un árbol genealógico
Que cubre todo el cielo
De tallos y racimos.
Por el aire se extienden
Vegetaciones increíbles.
Ramas negras y grandes,
Rosas color ceniza.
La luna, casi ahogada
De flores y ramajes,
Se defiende con sus rayos
Como un pulpo de plata.
Dentro de mis ojos
Se abre el canto hermético
De las simientes que
No florecieron.
Jamás nació, ¡jamás!
Pero pudo brotar.
Cada segundo se
Profundiza y renueva.
Cada segundo abre
Nuevas sendas distintas.
¡Por aquí! ¡Por allí!
Va mi cuerpo multiplicado.
Atravesando pueblos
O dormido en el mar.
¡Todo está abierto! Existen
Llaves para las claves.
Pero el sol y la luna
Nos pierden y despistan,
Y bajo nuestros pies
Se enmarañan los caminos.
Aquí contemplo todo
Lo que pude haber sido.
Dios o mendigo,
Agua o vieja margarita.
Mis múltiples senderos
Teñidos levemente
Hacen una gran rosa
Alrededor de mi cuerpo.
Como un mapa imposible,
El jardín de lo posible.
Cada segundo se
Profundiza y renueva.
Jamás nació, ¡jamás!
¡Pero pudo brotar!
Sobre el surtidor inmóvil
Duerme un gran pájaro muerto.
Los dos amantes se besan
Entre fríos cristales de sueño.
"La sortija, ¡dame la sortija!"
"No sé dónde están mis dedos."
"¿No me abrazas?" "Me dejé los brazos
Cruzados y fríos en el lecho."
Entre las hojas se arrastraba
Un rayo de luna viejo.
Las blancas Teorías
Con los ojos vendados
Danzaban por el bosque.
Lentas como cisnes
Y amargas como adelfas.
Pasaron sin ser vistas
Por los ojos del hombre,
Como de noche pasan
Inéditos los ríos,
Como por el silencio
Un rumor nuevo y único.
Alguna entre su túnica
Lleva una gris mirada
Pero de moribundo.
Otras
Agitan largos ramos
De palabras confusas.
No viven y están vivas.
Van por el bosque extático.
¡Enjambre de sonámbulas!
(Lentas como cisnes
Y amargas como adelfas.)
Las doncellas dejan un olor
Mental ausente de miradas.
El aire se queda indiferente,
Camelia blanca de cien hojas.
Lo que no sospechaste
Vive y tiembla en el aire.
Al tesoro del día
Apenas si tocáis.
Van y vienen cargados
Sin que los mire nadie.
Vienen rotos, pero vírgenes
Y hechos semilla salen.
Os hablan las cosas y
Vosotros no escucháis.
El mundo es un surtidor
Fresco, distinto y constante.
Al tesoro del día
Apenas si tocáis.
Os veda el puro silencio
El torrente de la sangre.
Pero dos ojos tenéis
Para remontar los cauces.
Al tesoro del día
Apenas si tocáis.
Lo que no sospechaste
Vive y tiembla en el aire.
El jardín se enlazaba
Por sus perfumes estancados.
Cada hoja soñaba
Un sueño diferente.
¡Oh qué gran muchedumbre,
Invisible y renovada,
La que viene a este jardín
A descansar para siempre!
Cada paso en la Tierra
Nos lleva a un mundo nuevo.
Cada pie lo apoyamos
Sobre un puente colgante.
Comprendo que no existe
El camino derecho.
Sólo un gran laberinto
De encrucijadas múltiples.
Constantemente crean
Nuestro pies al andar
Inmensos abanicos
De senderos en germen.
¡Oh jardín de las blancas
Teorías! ¡Oh jardín
De lo que no soy pero
Pude y debí haber sido!
Sobre narcisos inmortales
Dormía el sátiro blanco.
Enormes cuernos de cristal
Virginizaban su ancha frente.
El sol como un dragón vencido
Lamía sus largas manos de doncella.
Flotando sobre el río del amor
Todas las ninfas muerta desfilaban.
El corazón del sátiro en el viento
Se oreaba de viejas tempestades.
La siringa en el suelo era una fuente
Con siete azules caños cristalinos.
Las antiguas doncellas
Que no fueron amadas
Vienen con sus galanes
Entre las quietas ramas.
Los galanes sin ojos
Y ellas sin palabras
Se adornan con sonrisas
Como plumas rizadas.
Desfilan bajo grises
Tulipanes de escarcha
En un blanco delirio
De luces enclaustradas.
La ciega muchedumbre
De los perfumes vaga
Con los pies apoyados
Sobre flores intactas.
¡Oh luz honda y oblicua
De las yertas naranjas!
Los galanes tropiezan
Con sus rotas espadas.
La viuda d ela luna
¿quién la olvidará?
Soñaba que la tierra
Fuese de cristal.
Enfurecida y pálida,
Quería dormir al mar,
Peinando sus melenas
Con gritos de coral.
Sus cabellos de vidrio
¿quién los olvidará?
En su pecho los cien
Labios de un manantial.
Alabardas de largos
Surtidores la van
Guardando por las ondas
Quietas del arenal.
Pero la luna luna
¿cuándo volverá?
La cortina del viento
Tiembla sin cesar.
La viuda de la luna
¿quién la olvidará?
Soñaba que la tierra
Fuese de cristal.
Como el buen conde Arnaldo
¿quién te olvidará?
También soñaba toda
La tierra de cristal.
[...]Yo
¿Qué quieres de mí
Que no me dejas, Sueño?
Sueño
Doce cisnes de oro
Y doce lunas negras.
Yo
Quiero días y noches
Claros y sin secretos.
Sueño
[...]
Un arco de lunas negras
Sobre el mar sin movimiento.
Mis hijos que no han nacido
Me persiguen.
"¡Padre, no corras, espera!
El más chico viene muerto."
Se cuelgan de mis pupilas.
Canta el gallo.
El mar hecho piedra ríeSu última risa de olas.
"¡Padre, no corras!"
Mis gritos
Se hacen nardos.
Altas torres.
Largos ríos.
Hada
Toma el anillo de bodas
De tus abuelos.
Cien manos bajo la tierra
Lo echarán de menos.
Yo
Voy a sentir en mis manos
Una inmensa flor de dedos,
Y el símbolo del anillo
¡no lo quiero!
Altas torres.
Largos ríos.
¡Me habéis dejado sobre una flor
De oscuros sollozos de agua!
El llanto que aprendíSe pondrá viejecito
Arrastrando su cola
De suspiros y lágrimas.
Sin brazos, ¿cómo empujo
La puerta de la Luz?
Sirvieron a otro niño
De remos en su barca.
Yo dormía tranquilo.
¿Quién taladró mi sueño?
Mi madre tiene ya
La cabellera blanca.
¡Me habéis dejado sobre una flor
De oscuros sollozos de agua!
Siete corazones
Tengo.
Pero el mío no lo encuentro.
En el alto monte, madre,
Tropezábamos yo y el viento.
Siete niñas de largas manos
Me llevaron en sus espejos.
He cantado por el mundo
Con mi boca de siete pétalos.
Mis galeras de amaranto
Iban sin jarcias y sin remos.
He vivido los paisajes
De otras gentes. Mis secretos
Alredor de la garganta
¡sin darme cuenta! Iban abiertos.
Siete corazones
Tengo.
Pero el mío no lo encuentro.
¡Oh qué frío perfume
De jacintos!
Por los cipreses blancos
Viene una doncella.
Trae sus senos cortados
En un plato de oro.
(Dos caminos.
Su larguísima cola
Y la Vía Láctea.)
Madre
De los niños muertos,
Tiembla con el delirio
De los gusanos de luz.
¡Oh qué frío perfume
De jacintos!
Flor de sol.
Flor de río.
Yo
¿Eras tú? Tienes el pecho
Iluminado y no te he visto.
Ella
¡Cuántas veces te han rozado
Las cintas de mi vestido!
Yo
Sin abrir, oigo en tu garganta
Las blancas voces de mis hijos.
Ella
Tus hijos flotan en mis ojos
Como diamantes amarillos.
Yo
¿Eras tú? ¿Por dónde arrastrabas
Esas trenzas sin fin, amor mío?
Ella
En la luna. ¿Te ríes? Entonces,
Alrededor de la flor del narciso.
Yo
En mi pecho se agita sonámbula
Una sierpe de besos antiguos.
EllaLos instantes abiertos clavaban
Sus raíces sobre mis suspiros.
Yo
Enlazados por la misma brisa
Frente a frente ¡no nos conocimos!
Ella
El ramaje se espesa, vete pronto.
¡Ninguno de los dos hemos nacido!
Flor de sol.
Flor de río.
Sobre la extensa duna
De la luz antiquísima
Me encuentro despistado
Sin cielo ni camino.
El Norte moribundo
Apagó sus estrellas.
Los cielos naufragados
Se ondulaban sin prisa.
Por el mar de la luz
¿dónde voy? ¿A quién busco?
Aquí gime el reflejo
De las lunas veladas.
¡Ay, mi fresco pedazo
De madera compacta,
Vuélveme a mi balcón
Y a mis pájaros vivos!
El jardín seguirá
Moviendo sus arriates
Sobre la ruda espalda
Del silencio encallado.
El sol con sus cien cuernos
Levanta el cielo bajo.
El mismo gesto repiten
Los toros en la llanura.
La pedrea estremecida
De los viejos campanarios
Despierta y pone en camino
Al gran rebaño del viento.
En el río ahora comienzan
Las batallas de los peces.
Alma mía, niño y niña,¡¡silencio!!